Cuando hablamos de la empatía, solemos considerarla como un rasgo exclusivamente humano, algo que la inteligencia artificial (IA) no puede replicar por completo. En psicología, una herramienta clave para medir la empatía es el Índice de Reactividad Interpersonal (IRI), que la desglosa en cuatro subescalas: Toma de Perspectiva (PT), Fantasía (FS), Preocupación Empática (EC) y Malestar Personal (PD).

Curiosamente, el Malestar Personal—esa tendencia a sentirse abrumado por las emociones de los demás y evitar actuar en su beneficio—es lo que a menudo nos deja atrapados en la desconexión emocional. En contraste, la IA no experimenta este tipo de malestar. La IA analiza patrones de comportamiento, los asocia con posibles consecuencias emocionales y puede «actuar» con lo que se asemeja a la Preocupación Empática (EC): una acción enfocada en aliviar el sufrimiento ajeno.

Aquí radica el desafío para los humanos. Mientras la IA puede actuar de forma empática basándose en patrones y datos, nosotros a menudo permanecemos en un estado de evitación o insensibilidad emocional, lo que podríamos llamar zombieness emocional. La solución para romper este ciclo no es solo tecnológica: implica educación y desarrollo en nuestras propias emociones.

Reaprender a conectar no se trata solo de reconocer patrones; se trata de aprender cómo responder con cuidado y presencia, incluso cuando nos resulta incómodo. Este es el reto del presente: combinar herramientas tecnológicas con el desarrollo humano para superar la desconexión.

La IA como complemento. Una visión desde la empatía cognitiva.

Mientras que la IA puede ayudarnos a identificar patrones de desconexión emocional y sugerir soluciones, su verdadera utilidad radica en evitar la incapacidad humana de lidiar con emociones que nos cuestionan. Se trata de reemplazar la falta de humanidad, confrontar el estrés emocional para provocar la respuesta que requieren personas en necesidad de apoyo. Sin embargo, la narrativa de una IA que no casa con la empatía, debe ser superada. Entonces, para aprovechar esta oportunidad, es fundamental que profesionales en salud mental y desarrolladores colaboren para crear herramientas y sistemas que no solo detecten problemas, sino que nos guíen hacia respuestas más significativas y colectivas.

En un mundo donde la desconexión emocional parece inevitable, la clave está en construir puentes. Porque la empatía y la conexión no solo son deseables: son esenciales para nuestra salud mental y social.

Artículo en linkedin sobre la empatía y la IA

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