Por Juan José Martí-Noguera
Gobernanza de la inteligencia artificial, supervisión humana y transformación de los sistemas de atención.
La potencia de un motor no se consiguió llevando a los caballos hasta el límite de sus fuerzas. Fue necesario desarrollar una forma diferente de movilidad, con nuevas tecnologías, infraestructuras, profesiones y responsabilidades.
Algo parecido está sucediendo con la salud mental. Durante los últimos años hemos insistido en actualizar las competencias digitales de los profesionales, incorporar la inteligencia artificial a la formación y adaptar los servicios a nuevas modalidades de atención. Todo ello sigue siendo necesario.
Sin embargo, existe una cuestión que merece mayor atención: ¿podemos afrontar la transformación de la salud mental digital exigiendo nuevas competencias a los profesionales sin transformar también las estructuras en las que trabajan?
La gobernanza de la IA en salud mental requiere algo más que profesionales capaces de utilizar herramientas. Necesita funciones especializadas, responsabilidades definidas, supervisión efectiva y organizaciones preparadas para actuar.
La inteligencia artificial cambia las responsabilidades del sistema sanitario
La salud mental digital ya no se limita a realizar consultas por videoconferencia o utilizar aplicaciones de apoyo psicológico. Los usos de IA descritos en el debate profesional abarcan la documentación clínica, el análisis de información, la orientación de pacientes, el triaje y el seguimiento. Su presencia y grado de validación varían según la herramienta y el contexto.
También se utiliza fuera de los servicios sanitarios, cuando las personas consultan asistentes de IA para interpretar su malestar o buscar orientación antes de acudir a un profesional. Esta situación amplía el debate sobre la responsabilidad ante la inteligencia artificial en salud mental.
La transformación crea responsabilidades que no siempre coinciden con los límites tradicionales de las profesiones sanitarias. ¿Quién evalúa un sistema después de su implementación? ¿Quién identifica cambios inesperados en sus resultados? ¿Quién investiga los incidentes que pueden afectar a pacientes? ¿Quién tiene autoridad para modificar, restringir o suspender su utilización?
El profesional clínico debe conservar su criterio y sus responsabilidades asistenciales. Pero no puede asumir individualmente todas las funciones de validación tecnológica, gestión de datos, monitorización algorítmica y supervisión institucional.
El problema no consiste únicamente en mejorar la alfabetización en IA. Consiste en determinar quién se responsabiliza de cada función dentro de un sistema asistencial cada vez más complejo.
eMHIC 2025: de las herramientas digitales a los sistemas conectados
Del 19 al 21 de noviembre de 2025, el congreso internacional de eMental Health International Collaborative (eMHIC), celebrado en Toronto, reunió a participantes de los ámbitos clínico, académico, tecnológico, comunitario e institucional.
El eMHIC25 Congress Report sitúa la implementación, la supervisión humana, la equidad y la gobernanza entre los ejes del desarrollo de la salud mental digital. Es una síntesis del encuentro elaborada por la organización, no una evaluación independiente de la eficacia de todas las iniciativas presentadas.
El documento Beyond Borders: Connecting Global Digital Mental Health Systems, de eMHIC, Nous Group y SANE Australia, recoge el trabajo del Think Tank de Toronto. Vincula el diseño de la fuerza laboral con la claridad de funciones, la coordinación entre sectores y el aprendizaje continuo.
Su planteamiento va más allá de ofrecer cursos: las organizaciones necesitan políticas que faciliten el cambio, herramientas y tiempo dedicado para que los equipos puedan incorporar nuevas formas de trabajo. El desarrollo de capacidades debe acompañarse de condiciones para ejercerlas.
Una persona puede recibir formación sobre los riesgos de un sistema de IA y trabajar, sin embargo, en una institución sin procedimientos para comunicar incidentes, acceder a información sobre su funcionamiento o intervenir ante un problema. La competencia individual no sustituye a la capacidad institucional.
Qué aportan la OMS y Elsevier al debate sobre la supervisión
El 21 de julio de 2026, la Organización Mundial de la Salud publicó Artificial intelligence-related health research: ethics review and oversight. El informe examina la revisión ética y la supervisión de la investigación sanitaria relacionada con IA, las dificultades de los comités y las responsabilidades complementarias de instituciones y otros actores.
Su ámbito es la investigación: no constituye una auditoría general de los servicios clínicos. Como reflexión aplicable al debate organizativo, muestra por qué la supervisión requiere recursos, conocimientos especializados y coordinación. Esta conexión es una interpretación, no un aval de la OMS a una profesión concreta.
Una perspectiva diferente procede de Clinician of the Future 2026, de Elsevier. La encuesta recoge el uso declarado de IA y las valoraciones de médicos y profesionales de enfermería sobre formación, apoyo institucional y gobernanza.
Se trata de respuestas de los profesionales participantes, con las limitaciones de selección que describe su metodología. No equivalen a una auditoría institucional ni permiten trasladar automáticamente los resultados a la psicología. Elsevier, además de publicar el informe, comercializa soluciones de información y tecnología sanitaria; conviene separar los resultados de la encuesta de sus mensajes comerciales.
Ambas publicaciones examinan ámbitos distintos. No demuestran por sí mismas que sea necesaria una profesión determinada, pero aportan razones para revisar cómo se distribuyen y ejercen las responsabilidades.
Identificar un riesgo no significa disponer de los medios para prevenirlo. Publicar principios éticos tampoco garantiza que existan procedimientos para aplicarlos. Diagnosticar las limitaciones del sistema no equivale a disponer de capacidad operativa para corregirlas.
Nuevos roles profesionales en salud mental digital
La respuesta no consiste en crear un título profesional para cada tecnología. Consiste en identificar las funciones que necesita el sistema y determinar cómo deben distribuirse.
En algunos contextos pueden integrarse en estructuras existentes de dirección clínica, calidad asistencial, protección de datos o gestión tecnológica. En otros pueden requerirse perfiles interdisciplinares capaces de conectar la práctica clínica con la evaluación tecnológica, la ética aplicada y la gobernanza institucional.
Estas interdependencias se abordan también en Ethics in Digital Mental Health (Ethics Press, 2024) y Governing Digital Mental Health (Springer, 2025). Son aportaciones conceptuales al debate, no pruebas de que un modelo profesional concreto haya resuelto la implementación.
Lo decisivo es que cada función disponga de cuatro elementos:
- Competencias: conocimientos y capacidades adecuados a sus responsabilidades.
- Ámbito de actuación: funciones diferenciadas y límites claros respecto de otros profesionales.
- Autoridad: capacidad real de decidir dentro de su mandato, solicitar intervenciones y activar mecanismos de escalado.
- Integración institucional: procedimientos de coordinación con equipos clínicos, responsables tecnológicos, dirección y órganos de supervisión.
Sin estos elementos, la supervisión humana de la inteligencia artificial corre el riesgo de limitarse a una declaración de intenciones.
De la preparación profesional a la implementación
Las universidades, los colegios profesionales y las organizaciones sanitarias tienen un papel fundamental en la actualización de las competencias profesionales ante la IA. Pero los programas formativos no pueden resolver por sí solos la organización de los servicios, la distribución de responsabilidades o la gobernanza de la tecnología.
La transformación exige conectar la formación con decisiones institucionales, recursos, procedimientos y evaluación de resultados. También requiere considerar las necesidades de pacientes, profesionales y comunidades, especialmente en entornos culturalmente diversos o con recursos limitados.
Un ejemplo permite concretar la diferencia: enseñar a detectar una respuesta inadecuada es una capacidad individual; establecer quién recibe el aviso, quién investiga, con qué información y quién puede detener el sistema es una capacidad organizativa. Ambas se necesitan.
La cuestión no es solo cuántos profesionales han recibido formación. Es qué pueden hacer después, qué responsabilidades están preparados para asumir y qué condiciones les ofrece su organización para ejercerlas.
Digital Navigator: un paso dentro de un proceso más amplio
El proyecto europeo Digital Navigator, apoyado por Erasmus+ y coordinado por Thomas More, tiene una duración prevista de septiembre de 2026 a agosto de 2028. Representa una iniciativa concreta dentro de este proceso de evolución profesional.
Con la participación de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA) y Digital Human Assets, vinculada a Cibersalud, entre otras entidades, pretende definir y validar competencias, desarrollar formación continua especializada y pilotar su aplicación. Thomas More asigna a EFPA y Digital Human Assets tareas de difusión y aprovechamiento de resultados.
El perfil previsto es el de un profesional de la psicología con competencias adicionales para orientar a colegas y pacientes en el uso seguro y efectivo de herramientas digitales dentro de la atención habitual. Los itinerarios de reconocimiento y acreditación son objetivos de desarrollo; no deben presentarse como una acreditación ya disponible ni como resultados de implementación demostrados.
Digital Navigator no es equivalente al Digital Behavioral Health Expert ni constituye una estructura integral de gobernanza de la IA. Su contribución se sitúa en un ámbito específico: avanzar desde la identificación de necesidades hacia el desarrollo, pilotaje y evaluación de capacidades especializadas.
Hacia una gobernanza operativa de la salud mental digital
La gobernanza de la IA en salud mental exige conectar la preparación profesional con sistemas capaces de distribuir responsabilidades y sostener una supervisión efectiva. En ese recorrido también intervienen instituciones sanitarias, universidades, reguladores, empresas tecnológicas y comunidades.
La formación seguirá siendo imprescindible. Pero no podemos exigir indefinidamente más responsabilidades a los mismos profesionales sin revisar cómo están organizadas las instituciones. Como en la transición hacia otros sistemas de movilidad, el cambio requiere algo más que aumentar el esfuerzo de quienes ya están trabajando.
Iniciativas en desarrollo como NAVIGATOR representan pasos concretos, no una solución terminada. El trabajo pendiente consiste en comprobar qué capacidades aportan, cómo se integran en los servicios y qué condiciones permiten convertirlas en una práctica segura, coordinada y responsable.
Referencias y lecturas relacionadas
- eMHIC. eMHIC25 Congress Report. Congreso celebrado en noviembre de 2025; versión disponible en 2026.
- eMHIC, Nous Group y SANE Australia. Beyond Borders: Connecting Global Digital Mental Health Systems. Documento fechado en noviembre de 2025, versión disponible en línea consultada en octubre de 2026.
- Organización Mundial de la Salud (2026). Artificial intelligence-related health research: ethics review and oversight.
- Elsevier (2026). Clinician of the Future 2026.
- Martí-Noguera, J. J. (2024). Ethics in Digital Mental Health: A Comprehensive Guide to Responsible Practice for Professionals in Training. Ethics Press.
- Martí-Noguera, J. J. (2025). Governing Digital Mental Health. Springer.
- Thomas More. Digital Navigator: Development of a specialist course for psychologists.
