El consentimiento informado en la era de la IA: qué puede compartir el paciente, qué necesita saber el profesional y cómo empezar a evaluar estas interacciones. El consentimiento informado para conversaciones con IA plantea una cuestión cada vez más relevante en psicología: ¿podemos explorar las conversaciones que un paciente mantiene con ChatGPT u otros sistemas de inteligencia artificial? Un paciente puede compartir con una inteligencia artificial preocupaciones, conflictos personales, decisiones o experiencias que todavía no ha llevado a consulta. Algunas de esas conversaciones adquieren continuidad y forman parte de su manera de comprender situaciones, buscar apoyo o tomar decisiones. ¿Podemos incorporar esas interacciones a la evaluación psicológica? Sí, cuando resultan pertinentes para el proceso asistencial y existen condiciones adecuadas para explorarlas. Pero antes de analizar una conversación necesitamos resolver una cuestión fundamental: ¿qué está autorizando exactamente el paciente cuando acepta compartirla con su profesional?

El consentimiento no es una autorización para entrar en toda su vida digital

La exploración de conversaciones persona–IA debe responder a una finalidad clínica definida. No necesitamos solicitar el historial completo de ChatGPT ni convertir la relación terapéutica en una supervisión permanente de las actividades digitales del paciente. Podemos proponer, por ejemplo, que seleccione una conversación que considere significativa, que explique por qué desea compartirla y que ambos revisen algunos fragmentos durante la sesión. El consentimiento debe permitir comprender las condiciones de esa exploración, sus posibles beneficios, los límites de confidencialidad y las alternativas disponibles. Compartir una conversación para comentarla en consulta no equivale a autorizar su almacenamiento o procesamiento mediante otra IA. Cada operación requiere examinar sus propias condiciones, garantías y fundamento jurídico.

Cinco aspectos del consentimiento informado para conversaciones con IA

1. Finalidad y pertinencia clínica

Debe explicarse qué queremos explorar y por qué puede resultar útil para el proceso de evaluación o intervención. No se trata de acceder a conversaciones por curiosidad, sino de comprender aspectos relevantes para la atención.

2. Selección y alcance del contenido

El paciente debe saber si se revisarán conversaciones completas, fragmentos seleccionados o información que él mismo decida mostrar durante la sesión. También debemos considerar si aparecen datos personales de terceros.

3. Participación voluntaria

La persona debe poder rechazar esta exploración sin que ello suponga una penalización asistencial. También debe conocer las condiciones para retirar su autorización para futuras exploraciones. La retirada de esa autorización no implica necesariamente la eliminación de información clínica que deba conservarse conforme a las obligaciones legales aplicables.

4. Confidencialidad y tratamiento de datos

Es necesario distinguir entre visualizar una conversación, incorporar información relevante a la historia clínica, conservar copias o utilizar sistemas externos para procesarla. Deben informarse los usos, destinatarios y condiciones de conservación que correspondan. El consentimiento para la exploración clínica no sustituye la necesidad de determinar las bases jurídicas y garantías aplicables al tratamiento de datos personales, especialmente cuando contienen información sobre salud.

5. Interpretación compartida

El profesional debe evitar conclusiones automáticas sobre la personalidad, los síntomas o las relaciones del paciente a partir de mensajes descontextualizados. La interpretación requiere conversación clínica, contraste y consideración del contexto. Estos elementos constituyen una orientación inicial. El documento de consentimiento que estamos desarrollando deberá concretar las condiciones asistenciales y de protección de datos aplicables a cada modalidad de uso.

¿Qué podemos evaluar cuando el paciente comparte una conversación?

La revisión de interacciones persona–LLM puede organizarse inicialmente alrededor de tres dimensiones.
DimensiónPregunta para la exploración
Función¿Qué necesidad intenta atender el paciente mediante esa conversación?
Influencia¿Cómo afectan las respuestas de la IA a sus emociones, relaciones o decisiones?
Autonomía¿Hasta qué punto contrasta las respuestas y conserva su propio criterio?
Estas dimensiones no constituyen una escala psicométrica validada ni permiten establecer diagnósticos por sí mismas. Son una guía preliminar para formular preguntas y estructurar la exploración clínica. Lo relevante no es únicamente si la respuesta generada por un modelo fue correcta, empática o segura, sino qué significado adquirió dentro de la vida de una persona.

No necesitamos necesariamente otra aplicación

Una de las oportunidades de este enfoque consiste en trabajar con entornos que las personas ya utilizan. Hasta ahora, buena parte de la innovación en salud mental digital se ha concentrado en incorporar nuevas aplicaciones, plataformas de seguimiento o servicios de apoyo entre sesiones. Sin embargo, el desafío puede ser más amplio: ¿podemos desarrollar nuevas formas de acceso, evaluación, intervención y seguimiento sin depender exclusivamente del tiempo y del espacio de la consulta tradicional? La IA ofrece posibilidades para reorganizar determinadas actividades profesionales. Pero su incorporación requiere definir responsabilidades, límites, supervisión y criterios para evaluar resultados. No se trata de automatizar la psicoterapia ni de convertir cualquier conversación con IA en un acto clínico. Se trata de desarrollar competencias que permitan decidir cuándo, cómo y con qué finalidad incorporar estos entornos a la atención.

Del consentimiento para terapia online a las conversaciones con IA

En 2020 compartimos desde Cibersalud un modelo de consentimiento informado para terapia online. La incorporación de los modelos de lenguaje a la vida cotidiana plantea ahora nuevas preguntas: qué conversaciones pueden compartirse, con qué finalidad, cómo preservar la confidencialidad y qué procedimientos necesita el profesional para analizarlas. No se trata de trasladar sin más los formularios de telepsicología a las interacciones con IA, sino de desarrollar procedimientos adecuados a estas nuevas situaciones.

Del webinar a la práctica profesional

El 8 de octubre de 2026 organizamos desde Cibersalud la sesión abierta «La vida digital del paciente en consulta», como continuación de nuestro artículo de septiembre, La vida digital del paciente entra en consulta. En esta nueva etapa nos centramos en dos procedimientos concretos: el consentimiento informado para explorar conversaciones y una orientación inicial para estructurar su análisis. Durante octubre compartiremos un modelo de consentimiento informado más desarrollado, junto con materiales dirigidos a profesionales interesados en incorporar estas competencias a su práctica.

Grabación: La vida digital del paciente en consulta

En esta presentación abordamos el cambio de los espacios donde transcurre la vida digital del paciente, las condiciones para explorar conversaciones con IA y las nuevas competencias que puede requerir la práctica profesional.
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Estamos preparando un programa formativo sobre evaluación e intervención de la vida digital del paciente, con actividades prácticas, análisis de casos y procedimientos de supervisión profesional. Si deseas recibir información sobre el modelo de consentimiento informado, la guía de análisis de conversaciones persona–IA o la próxima formación de Cibersalud, puedes solicitarla directamente por WhatsApp.

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Nota profesional: este artículo ofrece orientación general y no constituye un modelo jurídico definitivo de consentimiento informado ni autoriza por sí mismo el tratamiento de datos personales de salud mediante plataformas de IA. Información y actualidad en LinkedIn de Cibersalud.