La inteligencia artificial en psicología ya aparece en tareas que rodean la sesión: preparar una intervención, elaborar material psicoeducativo o redactar documentación. Aunque el paciente no converse directamente con una IA, sus respuestas pueden influir en el trabajo del profesional.

Un terapeuta consulta a ChatGPT para explorar opciones de tratamiento. Otro le pide que explique un concepto para un paciente. Un tercero utiliza un modelo de lenguaje para ordenar sus notas.

Son ejemplos de lo que sucede en la sala de máquinas de la terapia. Allí se toman decisiones sobre qué información seleccionar, cómo interpretarla y qué hacer con ella.

Dos estudios recientes permiten examinar estos usos y las necesidades de formación y apoyo que los acompañan.

Salud mental digital: uso de tecnología y necesidades de formación

Juan José Martí-Noguera, fundador de Cibersalud, participa como coautor en la investigación liderada por Fien Buelens y Nele De Witte sobre uso de tecnologías, necesidades formativas y actitudes hacia el Digital Navigator.

El estudio reunió a 883 psicólogos de 25 países europeos, con datos recogidos entre enero y junio de 2025. Las consultas online fueron la tecnología más utilizada, mientras que la incorporación de otras herramientas resultó desigual.

La formación formal en salud mental digital fue limitada: aproximadamente el 11 % declaró haberla recibido durante la universidad y el 14 % después de graduarse.

Más de la mitad señaló competencias insuficientes en ámbitos como:

  • Seleccionar tecnologías adecuadas.
  • Integrarlas en la práctica.
  • Utilizarlas en la evaluación.
  • Mantener la alianza terapéutica en entornos digitales.

Cerca del 77 % manifestó interés en recibir más formación. Estos resultados ayudan a concretar qué preparación demandan los profesionales más allá de aprender a manejar una aplicación.

Leer el estudio sobre salud mental digital y Digital Navigator.

¿Cómo se utiliza la inteligencia artificial en psicología y psicoterapia?

Una segunda investigación, liderada por Charlotte Blease y publicada en JMIR Mental Health, encuestó a 766 profesionales que ofrecen psicoterapia en 30 países, entre enero y marzo de 2026.

Alrededor del 55 % declaró haber utilizado deliberadamente alguna herramienta de IA generativa en su práctica al menos una vez. ChatGPT fue la más mencionada.

Entre quienes habían utilizado estas herramientas, aproximadamente:

  • El 42 % indicó apoyo para planificar tratamientos.
  • El 41 % señaló tareas administrativas.
  • El 40 % mencionó generación de materiales psicoeducativos.

El 81 % del conjunto de participantes declaró no haber recibido formación profesional sobre IA durante los doce meses anteriores.

Es importante distinguir los periodos medidos: el estudio preguntaba por uso de IA alguna vez y por formación durante el último año. Por tanto, estas cifras no permiten calcular directamente cuántos usuarios carecen de formación. Tampoco permiten equiparar una prueba puntual con un uso habitual.

Sí muestran que la IA generativa se utiliza para actividades que pueden influir en el contenido de la atención.

Leer el estudio sobre adopción de IA generativa en psicoterapia.

Formación en inteligencia artificial para psicólogos: ¿qué debe incluir?

Desde Cibersalud, nuestra lectura de ambos estudios es que la formación debe vincularse a las decisiones concretas que toma el profesional.

Si utiliza una IA para explorar opciones de intervención, necesita comprobar el fundamento de las sugerencias, identificar información omitida y valorar su adecuación al caso. Una respuesta coherente y bien redactada también puede contener errores o recomendaciones poco pertinentes.

Para elaborar material psicoeducativo, la revisión debe considerar su precisión, comprensión y adaptación a la persona. En documentación clínica, debe comprobar que el texto refleje fielmente lo ocurrido y que no añada interpretaciones injustificadas.

La formación debería permitir practicar estas revisiones y demostrar competencias en situaciones de trabajo. También debería aclarar cuándo consultar a un supervisor y cuándo descartar una herramienta o una respuesta.

Confidencialidad y supervisión en el uso de IA

Antes de introducir información clínica, el profesional necesita conocer las condiciones de la herramienta y los procedimientos de su organización. La finalidad del uso, los datos tratados y el entorno tecnológico importan.

El estudio de Blease no evaluó si los participantes introducían datos identificables ni qué configuración utilizaban. Sus resultados no permiten concluir que sus prácticas vulnerasen la confidencialidad.

Lo que sí plantea es la necesidad de preparar a los profesionales para tomar estas decisiones y establecer procedimientos de revisión.

El Digital Navigator como apoyo a la práctica profesional

El Digital Navigator es una persona o función del equipo que apoya a profesionales y pacientes en la selección e integración de tecnologías.

En el estudio de Buelens, aproximadamente el 62 % consideró relevante este papel. Esa aceptación constituye un punto de partida; su utilidad debe evaluarse en contextos reales.

Un Digital Navigator puede facilitar el acceso, acompañar el uso y ayudar a resolver dificultades de implementación. Su función requiere formación, supervisión y límites definidos: apoyar una herramienta y asumir una decisión clínica implican responsabilidades diferentes.

También necesita una organización que concrete qué tecnologías admite, para qué tareas y cómo actuar ante problemas.

Cibersalud en el proyecto europeo NAVIGATOR

Cibersalud participa en el proyecto Erasmus+ NAVIGATOR, coordinado por Thomas More, y colidera con EFPA el paquete de trabajo sobre impacto y difusión.

El proyecto desarrollará un marco de competencias y un programa formativo que se pilotará en los países participantes. Este trabajo ofrece una oportunidad para convertir las necesidades identificadas en una propuesta de preparación profesional que pueda implementarse y evaluarse.

La vida digital del paciente también forma parte del contexto

Además de revisar sus propios usos de tecnología, el psicólogo necesita comprender qué herramientas utiliza el paciente y qué lugar ocupan en su vida.

Las consultas a una IA, las aplicaciones y otras experiencias digitales pueden aportar información relevante para la evaluación. Explorar ese contexto requiere preguntas y criterios profesionales.

En Cibersalud abordamos esta dimensión en Vida digital del paciente: evaluación e intervención.

Qué permiten concluir estos estudios

Ambos trabajos utilizaron muestras de conveniencia y datos autoinformados. Sus porcentajes no representan a todos los profesionales, y sus diferencias no demuestran una evolución del uso de tecnología entre 2025 y 2026.

Tampoco acreditan que utilizar IA mejore los resultados terapéuticos. Muchos usuarios del estudio de Blease percibieron una reducción de su carga de trabajo, pero esa percepción no equivale a evidencia de beneficio clínico.

Su aportación consiste en identificar prácticas y necesidades que merecen respuestas concretas de universidades, asociaciones y servicios.

Para un profesional que incorpora inteligencia artificial en psicología, una revisión inicial puede partir de cuatro preguntas: para qué tarea la utiliza, qué información comparte, cómo comprueba el resultado y a quién consulta cuando tiene dudas.

Las respuestas ayudan a definir la formación y el apoyo necesarios para que la tecnología encaje en una práctica responsable.